jueves, 3 de agosto de 2017

La conspiración de Cellamare

Luisa Benedicta de Borbón, duquesa de Maine

Antonio del Giudice, duque de Giovenazzo y príncipe de Cellamare, era un napolitano que se había convertido en Grande de España y representaba a la corte de Madrid como embajador en Francia. En 1718 cumplía 61 años. 

Cellamare era amigo y confidente de Luisa Benedicta de Borbón, duquesa de Maine por su matrimonio con el hijo legitimado de Luis XIV y Madame de Montespan. La duquesa veía con preocupación cómo su esposo mostraba escasa ambición política, enfrascado en su traducción del Anti-Lucrecio. En una ocasión le dijo:

—Cualquier día os encontraréis con que vos sois miembro de la Academia y Monsieur el duque de Orleáns es el regente de Francia.

Una profecía que se cumplió a medias, pues si bien Luis Augusto nunca llegó a ser miembro de la Academia, su primo, Felipe de Orleáns, logró apoderarse en solitario de la regencia, pese a que Luis XIV había dispuesto que fuera compartida por ambos.

Llegados a ese punto, la duquesa decidió que había que provocar la caída del regente, y aplicó todo su esfuerzo a reunir a los enemigos de Felipe. Se alió con algunos nobles bretones, con el conde de Laval y logró atraer a su causa incluso al duque de Richelieu y a los bastardos de Luis XIV, entre los que únicamente el conde de Toulouse optaba por guardar neutralidad.

Luis Augusto de Borbón duque de Maine

Hacía algún tiempo que Madrid se mostraba hostil al regente. Felipe V no olvidaba que el duque de Orleáns había tratado por todos los medios de obtener la corona de España. Además, Francia se había unido a Gran Bretaña y a las Provincias Unidas formando contra él la Triple Alianza, a la que posteriormente se incorporó el Imperio. El conflicto, debido fundamentalmente a las ambiciones territoriales en Italia de Felipe V e Isabel Farnesio, había desembocado en una guerra, y el tratado que firmó la Cuádruple Alianza excluía de la sucesión al trono de Francia a la rama española de los Borbones.

Los agentes de los duques de Maine trabajaban en España mientras trataban de animar al pueblo francés a derribar al regente con todo tipo de promesas de poner fin a abusos. Se concibió un plan para librarse de él: secuestrarían al duque de Orleáns y lo conducirían a una fortaleza española. A continuación se convocarían los Estados Generales para fijar las bases del gobierno durante la menor edad de Luis XV y elegir al nuevo regente. Este debería ser Felipe V, o, lo que era lo mismo, un consejo de regencia en representación suya, compuesto por los bastardos de Luis XIV.

Madrid encargaba a Cellamare la misión de mantenerse en contacto con la duquesa de Maine y su consejo y de informar puntualmente de todo. El embajador español acudía al encuentro de Luisa Benedicta al caer la noche, en un carruaje en el que, para asegurarse la discreción, hacía de cochero el conde de Laval. Las entrevistas tenían lugar bien en el Arsenal, cuando la duquesa residía en París, o bien en su residencia de Sceaux. El 25 de mayo de 1718 Cellamare envía a Alberoni los dos primeros escritos de la cábala, y anuncia, en una nota cifrada, que son obra de la duquesa de Maine y del marqués de Pompadour, escritos tras una reunión en el Arsenal.

Felipe V
En la correspondencia que mantenían los conjurados, Luisa Benedicta recibe el nombre en clave de “la Reine du grand roman”. Era una intriga muy literaria, con su propio poeta, llamado La Grange-Chancel, autor trágico. El poeta publicó unas odas satíricas que dieron la vuelta por todo el reino. Apenas se encontraba un francés que no hubiera leído aquellas Filípicas, excepto el regente, que fue el último en enterarse. Cuando tuvo conocimiento de su existencia, Felipe fue incapaz de hacerse con un ejemplar de los millares que se habían repartido, pues ningún cortesano osaba confesar no ya sólo que lo tenía en su poder, sino haberlo leído o visto siquiera. Finalmente, Saint-Simon reunió coraje y le mostró la obra con la que se entretenía todo París, y que decía así:

¡Pueblo, ármate! ¡Defiende a tu amo!
Has de saber que la mano de ese traidor
Pretende arrebatarle sus Estados

Seguían acusaciones que atribuían al regente los crímenes más monstruosos, unos versos en los que se lo denunciaba como un segundo Nerón o un moderno Heliogábalo. La duquesa de Berry, hija mayor del regente, tenía el dudoso honor de ser comparada con Mesalina, y, haciéndose eco de los rumores que la relacionaban incluso con su propio padre, se aludía a las Euménides, vengadoras de divorcios y de incestos.

Saint-Simon le entregó el ejemplar. El regente lo leyó en voz baja en su presencia, en pie ante la ventana de su gabinete de invierno. De vez en cuando se detenía y hacía algún comentario, sin parecer alterado; pero de pronto su expresión se transformó. Leía el fragmento en el que lo acusaban de planear envenenar al rey.

—¡Ah, esto es demasiado! —exclamó— ¡Este horror es más fuerte que yo!

La Grange-Chancel fue enviado a la isla Santa Margarita, de donde iba a fugarse al cabo de dos años. Pero la conjura ya se había extendido. Más de veinte coroneles se unían a ella por obra de Laval, y se montó una imprenta secreta con obreros que nunca salían de día y a la que eran conducidos con los ojos vendados. Allí se producían continuos panfletos contra el regente.

Felipe II de Orleáns, el regente

Las Filípicas habían despertado los recelos de Felipe, que comenzó a sospechar que había una conspiración en marcha. Cellamare no tomaba ninguna precaución para ocultar sus conexiones con los descontentos, y él mismo hacía circular algunos de los escritos comprometedores. En una carta le escribía a Alberoni lo siguiente:

Sigo cultivando nuestra viña, pero no quiero estirar la mano para recoger los frutos antes de que estén maduros. Las primeras uvas que deben refrescar la boca de aquellos que van a beber el vino, ya se venden públicamente, y cada día se llevarán otras al mercado.

Los encargados de ejecutar el plan de secuestro diseñado por la duquesa eran aventureros que llegaban de España. Su jefe estaba en contacto con Alberoni y Cellamare. Este le indicó el lugar por el que el regente paseaba habitualmente con su hija, y pronto todo quedó dispuesto. Unos hombres se emboscaron en el Bois de Boulogne, pero, como por motivos de seguridad desconocían la identidad del personaje que tenían la misión de secuestrar, se equivocaron y se apoderaron de otro caballero. Al constatar su error, el jefe de la banda emprendía veloz la huida hacia los Países Bajos.

El regente continuaba con sus costumbres sin inmutarse y sin tomar ninguna precaución especial. Cada noche iba a cenar a casa de su amante, Madame de Parabère, en Saint-Cloud, a pesar de que el incidente en el Bois de Boulogne tuvo repercusión y llamó la atención del consejo de regencia.

La duquesa de Maine

La imprudencia de Cellamare iba a acabar pronto por descubrir todo el complot. Los papeles que trataban de hacer llegar a Alberoni fueron capturados, y con ellos los detalles. El abad Dubois, secretario de Estado de Asuntos Exteriores, envió una circular a los obispos, arzobispos, presidentes de tribunales de justicia y gobernadores de provincias. “Si algún súbdito de Su Majestad ha sido capaz de escuchar proposiciones sediciosas, no omitiréis nada para mantener, en cuanto concierne a la autoridad de la que habéis sido revestidos, el buen orden y la tranquilidad pública.”

Quedó al descubierto cómo los bastardos de Luis XIV se habían puesto a disposición del rey de España. El número de conspiradores se elevaba a sesenta, sin contar los coroneles que debían conducir al regente hasta Toledo. Dos compañías de mosqueteros recibieron orden de estar preparados para saltar sobre el caballo. Los gobernadores de la Bastilla y de Vincennes tenían instrucciones de preparar todos los alojamientos disponibles.

Cellamare era arrestado el 9 de diciembre de 1718. Al día siguiente los marqueses de Pompadour, Saint-Geniès y Courcillon eran conducidos a la Bastilla, y poco después el abad Brigault, uno de los líderes de la conjura, era capturado en Nemours disfrazado de anciana.

Poco a poco, todos iban cayendo: el Caballero du Menil, el coronel de húsares Serret… El jueves 29 un teniente de la guardia de corps entraba en Sceaux en el momento en que el duque de Maine está a punto de salir de caza. El teniente le pidió que le entregara su espada y lo condujo hasta la ciudadela de Doullens.


Mientras tanto también la duquesa recibía la visita de un capitán, encargado de trasladarla, con todos los honores debidos a su rango, primero a Essonne y después a Dijon. La nieta del Gran Condé se subió a un carruaje de alquiler y salió rumbo a su destino. En Dijon sería la prisionera del duque de Borbón, gobernador de Borgoña, su enemigo declarado.

La conspiración de Cellamare no parece haber alterado gran cosa el ánimo del regente, que seguramente nunca llegó a tomarla demasiado en serio. Él continuaba con buen humor durante esas jornadas. Una vez, al encontrarse con Destouches, padre de d’Alembert, le dijo:

—¿Sabéis algo muy gracioso?

—¿Qué, monseñor?

—El príncipe de Cellamare ha puesto vuestro nombre en la lista de conspiradores.

—¡Eso no tiene ninguna gracia! —respondió Destouches, que se había quedado blanco.

Y el regente estalló en carcajadas mientras trataba de explicarle al caballero que sólo le estaba gastando una broma.


14 comentarios:

  1. Por lo que veo el fracaso se debió al error en el secuestro y el desmantelamiento y detención de los conspiradores, franceses y españoles, supongo que aparte de por alguna eficacia de los espías franceses, por la indiscreción de príncipe. Me lo he pasado genial imaginando cómo iban cayendo uno a uno, hasta la duquesa, los participantes en esta aventura. Rabiaría Felipe V, con este fracaso.
    Beso su mano.

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    1. Es que fue una conspiración de opereta, con la Reine du Grand Roman dirigiendo todo.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Ya había leído la historia en forma distinta con otros personajes como delatores por casualidad del asunto que ya estaba bastante avanzado.

    Sin duda, los nervios y la crispación de los conspiradores le traicionaron, muchos se dan por vencedores antes de vencer en la batalla, no dudo que el regente a pesar se su tranquilidad y serenidad, tuviese preparando el golpe una inertia sapientia, sabía paciencia, como dirían los romanos.

    Interesante anécdota de la conspiración se Cellemare, se la habría tomado con seriedad el propio rey Felipe V o su ministro Alberoni, un italiano que tenía mucho espíritu y una fuerza incansable para el trabajo a pesar de su figura deformada por la gordura.

    Bisous


    Arnaud d'Aleman

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    1. Sí, una trama de gente que acababa hablando más de la cuenta y facilitaron que pudieran incautarse esos imprudentes correos excesivamente explícitos y se registrara la casa de Cellamare, que no había tenido ningún cuidado en ocultar las pruebas.

      La conspiración no estuvo a la altura de Alberoni. Tal vez hubiera sido más sólida de encontrarse él más cerca de los conjurados.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  3. qué ojo tenemos siempre para elegir a los aliados...
    en fin.
    buena tarde tenga, madame!!
    bisous!!

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    1. No debe de ser fácil, porque todo el mundo ha salido casi siempre escaldado.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  4. Montserrat, hace tiempo que sigo tu blog. Aprovecho esta ocasión para decirte que aprecio mucho tu trabajo. Gracias. Saludos.

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    1. Mil gracias, monsieur Tamargo. Es un honor recibir tus palabras.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  5. Imposible que la conspiración llegara a buen término. Demasiada gente sabía demasiado. No hay secreto compartido que no acabe por ser revelado en la primera oportunidad.

    Bisous y buen fin de semana.

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    1. Sí, cuando nosotros conspiremos, seremos más secretos y selectivos.


      Feliz tarde de domingo.

      Bisous

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  6. Hola Madame:
    Diría mi abuelo que muchas manos, ponen el caldo morado...Es lo que me parece sucedió aquí: Mucha gente sabía de todo.

    El todo caso el regente se lo tomó como a broma también.

    Besos Madame.

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    1. Debía de saber que no tenía rivales muy capaces.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  7. Enhorabuena, Madame, por estas páginas que son historia viva palaciega, una penetración histórica que queda al margen de las Enciclopedias.

    Bisous.

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    1. Son más divertidas que lo que nos cuentan en ellas, desde luego.

      Feliz tarde

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)